concierto de Aranjuez

martes, 16 de julio de 2013

CRONICAS DE UN VIAJE


En un tiempo no tan lejano, después de infinidad de trabajos realizados hasta esa fecha,  había encontrado uno que me sastifaciera, lo había logrado viajante de comercio, me daba la posibilidad de poder realizar viajes hacia el interior, largos traslados en los cuales me daba el gusto de poder leer algún libro durante el placentero viaje.

Es en este momento que comienza este relato. Los viajes lo realizaba en micros de larga distancia dada mi aversión a los traslados por vía aérea, como una rutina me acerco a la terminal de ómnibus dejo las maletas en el micro al que he de partir, me entregan un papel con el número correspondiente para una vez llegado a mi destino lo retire.

Ahora estoy libre mi libro y yo,  estoy listo y a gusto como un niño que se va de excursión en la escuela, dentro del micro miro mi pasaje pasillo o ventanilla, parece que esta vez la suerte me favoreció tenía la ventanilla, podría leer y al mismo tiempo disfrutar del paisaje, el micro se va llenando con la llegada de los demás pasajeros, mi compañero de viaje en el asiento del pasillo resultó ser un niño de unos siete u ocho años, en el asiento de atrás su madre con un niño de tres años que lo llevaba en su falda.

Comienza a moverse el micro es nuestra partida, se van sucediendo pueblos hasta que las casas se van distanciando hasta hacerse campo, donde puede verse algunos animales y varios sembradíos. Enfrascado en la lectura hasta ese momento no lo noté, pero mi compañerito de viaje estaba estirando todo el cuello para poder ver, al que yo le cubría la visión con mi persona y el libro. Me acordé de mi niñez cuando con mi hermano nos peleábamos por estar sentados al lado de la ventanilla.

Al instante le dije quieres sentarte al lado de la ventanilla un si salió de su boca fue como si hubiera sacado la sortija de una calesita, entonces pasé a sentarme del lado del pasillo. Quise iniciar una conversación ¿de que pueden hablar un anciano y un niño?, pregunté como se llamaba, no me contestó pero hizo un giro de su cabeza y mirando por el medio de los dos asientos la miró a su madre, miradas cómplices a la que su madre asintió con un gesto.

Me llamo Darío y por lo bajo explica, me tienen prohibido hablar con desconocidos pero mi madre ahora me dio permiso, que difícil se hace iniciar una conversación entre un anciano que la transitado una parte grande de la vida, y un niño que recién comienza a recorrerla, lo primero que se me ocurrió preguntarle tu vas al colegio me responde si señor y soy escolta de la bandera, le expreso que casi siempre el abanderado y sus escoltas son de los años más superiores, me dice como mis notas son altas la seño me propuso y me aceptaron como escolta, en ese momento me di cuenta que mi compañerito de viaje era un niño muy inteligente.

Prosiguiendo con la conversación le pregunté por sus juegos, por sus amigos mis juegos son casi todos con la computadora y los videos juegos que lo manejo con un aparato que tiene unos botones, no juegas a la pelota, si señor con la computadora, insisto no vas a una cancha con arcos y gramilla pateando una pelota, alguna vez de cuando en cuando, los deberes que te da la seño como los haces, los problemas los resuelvo con la computadora y la máquina de calcular, ahí me di cuenta lo lejos que estaba de mi infancia y de mi escuela.

Mientras entablábamos esta conversación de tanto en tanto sentía unos golpes contra mi asiento, a veces tan fuerte que me inclinaban hacia adelante, como si estuviera saludando como una reverencia , el culpable de estos golpes era el hermanito de mi compañerito, mientras la madre lo sostenía en su falda él mismo con sus fuerzas golpeaba con sus piernas el asiento ya un poco fastidiado me doy vuelta y sacando la cabeza por arriba del asiento me dirijo hacia la madre pidiéndole a la misma que controle a la criatura y ella me responde creo que está celoso por que usted está hablando con su hermano.

Me intrigaba que nunca había escuchado lo que era el juego del balero, las bolitas, más bien parecía que los roles estaban cambiados, yo era el niño tratando de explicarle a un adulto los juegos que parecieran extintos, fueron varias horas los que conversamos, un anciano y un niño, al final creo que teníamos algo en común.


En un tiempo determinado la madre se levanta del asiento y le dice, Darío ya estamos llegando levántate y salude al señor, bajaron del autobús yo me corrí al asiento de la ventanilla y a través del vidrio lo saludé alzando el brazo, al que el niño respondió, luego vuelvo al libro a la hoja a la cuál la había dejado, mientras que el micro iba dejando atrás  a mi accidental compañero de viaje, tal vez lo encuentre nuevamente en algún recodo del camino, de mi tiempo…..


alejandrobojor@gmail.com ..........ALEJANDRO CAPLAN

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